Ciudades afeadas por el diseño

Un logotipo, otro distinto, un color, otro, otro… ensalada de marcas pesadilla de cualquier diseñador. Cuando camino por mi ciudad, Madrid, una ciudad que me enamora, a veces me veo abocada a mirarme los pies en vez de admirar su arquitectura, a causa del ataque de impactos visuales que padezco al levantar la vista. La contaminación visual, según Wikipedia es “un tipo de contaminación que parte de todo aquello que afecte o perturbe la visualización de sitio alguno o rompan la estética de una zona o paisaje, y que puede incluso llegar a afectar a la salud de los individuos o zona donde se produzca el impacto ambiental. La contaminación visual tambien se refiere  al abuso de ciertos elementos “no arquitectónicos” que alteran la estética, la imagen del paisaje tanto rural como urbano, y que generan, a menudo, una sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea”.

No se trata solamente de que en Madrid se diseñe mal, que también; es que en las ciudades en las que se diseña mejor, como Barcelona, el efecto es aún peor. La arquitectura modernista catalana exige un diseño de escaparates o marquesinas más minimal, que contraste con la floritura del edificio. Quizá esté ahí la clave del disenny barcelonés. El logotipo de Burger King no queda nada bien en este edificio.

Ni siquiera el buen diseño suma a la ciudad, sino que resta. Igual que en Madrid, las tiendas tradicionales se integran perfectamente en la visión de conjunto de la ciudad, en Barcelona, la señalética tradicional no es molesta, al contrario.

Les viene de antiguo a los catalanes la pasión por las señales. Hoy en día se abusa. ¿Es necesario un icono para que la gente no se cuele en el bus? ¿Es necesaria tanta señal?

Hoy me he fijado en un bar antiguo de mi calle, El greco, abierto en 1931. Su reclamo es sereno, armonioso, pero junto a su letrero han puesto un cartel de Securitas Direct que se lo carga. Espero que si un año de estos cambia el paradigma o el modelo de sociedad, el grito de la marca en la calle deje de tener sentido y la belleza vuelva a tener más presencia que el reclamo publicitario. El reclamo lo está invadiendo todo, hasta que estalle la burbuja de la contaminación visual y nos manden a todos los diseñadores gráficos a hacer puñetas.

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Acerca de Lola
Maquetadora de las de cuentahilos, pantonera y tipómetro.

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