Se canta al mar. Nicanor Parra
3 diciembre, 2011 Dejar un comentario
(De Tres poetas chilenos; 1942).
Nada podrá apartar de mi memoria
La luz de aquella misteriosa lámpara
Ni el resultado que en mis ojos tuvo
Ni la impresión que me dejó en el alma.
Todo lo puede el tiempo, sin embargo
Creo que ni la muerte ha de borrarla.
Voy a explicarme aquí si me permiten
Con el eco mejor de mi garganta.
Por aquel tiempo yo no comprendía
Francamente ni cómo me llamaba
No había escrito aún mi primer verso
Ni derramado mi primera lágrima
Era mi corazón ni más ni menos
Que el olvidado kiosco de una plaza.
Mas sucedió que cierta vez mi padre
Fue desterrado al sur. A la lejana
Isla de Chiloé donde el invierno
Es como una ciudad abandonada.
Partí con él y sin esperar llegamos
A Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido en familia
En el valle central o en la montaña
De manera que nunca ni por pienso
Se conversó del mar en nuestra casa.
Sobre este punto yo sabía apenas
Lo que en la escuela pública enseñaban
Y una que otra cuestión de contrabando
De las cartas de amor de mis hermanas.
Descendimos del tren entre banderas
Y una solemne fiesta de campanas
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
“Este es, muchacho, el mar”. El mar sereno.
El mar que baña de cristal la patria.
No sé de ir por qué pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir sin sospechar siquiera
La magnitud real de mi campaña
Eché a correr sin orden ni concierto
Como un desesperado hacia la playa
Y en un instante memorable estuve
Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas
En la verdad sin fin de la distancia
Sin que en mi ser moviérase un cabello
Como la sombra azul de las estatuas.
¡Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras!
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.
Desde entonces data la ferviente
Y abrasadora sed que me arrebata.
Es que en verdad desde que existe el mundo
La voz del mar en mi persona estaba.

